
Edward Bach
Su origen
Nació el 24 de Septiembre de 1886 en el Reino Unido. Estudió ciencias médicas en la Universidad en Londres y en sus primeras experiencias con enfermos/as entendió que era más importante la observación del/de la paciente que el estudio teórico de las enfermedades. Pudo comprobar que muchas veces pacientes con la misma enfermedad e igual tratamiento respondían distinto, y pacientes con el mismo temperamento respondían de forma similar. Así llegó al conocimiento de que los sentimientos, emociones y pensamientos de la persona eran más importantes que el nombre científico de la enfermedad. Observó incluso que los tratamientos eran frecuentemente más dolorosos y agresivos que los síntomas, lo cual lo alejaba de la medicina ortodoxa que se centraba exclusivamente en lo más superfluo: los síntomas (la consecuencia) y olvidaba lo más importante: la personalidad (nuestra individualidad, lo que nos hace un ser único e irrepetible).
La enfermedad es una consecuencia y es la señal que nos indica la necesidad de aprender una lección. Es una oportunidad de vida para corregirnos y seguir avanzando en nuestro proceso de evolución.

“La enfermedad no es un mal a suprimir sino un beneficio a comprender”.

En sus primeras investigaciones descubrió la relación entre la presencia de exceso de gérmenes intestinales en todos/as los/as pacientes que padecían enfermedades crónicas. Gracias a esto creó una vacuna que hacía desaparecer la enfermedad crónica (artritis, reumatismo, migraña, etc.) de muchos/as pacientes. De todas maneras ese método de aplicación le desagradaba y prosiguió inspirando sus medicinas en la observación, percepción y comprensión de la naturaleza.
Sistema Bach
Tras reponerse de una hemorragia por la que le dieron tres meses de vida reflexionó y llegó a la conclusión de que una meta en la vida de una persona, es el factor decisivo para la felicidad, y que fue el seguimiento de su propio propósito lo que le había devuelto a la vida.
Ya trabajando como patólogo y bacteriólogo, y conociendo la obra del creador de la homeopatía, Hahnemann, cuya hipótesis fue también la relación entre enfermedad y personalidad, elaboró unas vacunas orales homeopáticas que substituían a la vacuna inyectable. Bach clasificó en siete grupos la gran variedad de bacterias presentes en el intestino, y descubrió que cada uno de los siete tipos se correspondía a un tipo concreto de personalidad. De todos modos creía que sus remedios debían ser preparados mediante una potenciación distinta a la de la homeopatía ya que en esos casos la sustancia original podía ser nociva para el humano, y sólo mediante la potenciación volverse curativa.
Encontró entonces su método de potenciación al descubrir que las propiedades de las flores se transferían al rocío de sus pétalos cuando el sol los calentaba. Su mecanismo fue cubrir con flores el agua de un recipiente de vidrio para transferirle sus propiedades luego de dejarlas al sol por cuatro horas.
Para ese momento él ya había ingresado en la Masonería, lo que hace suponer que buscaba un conocimiento interior profundo, y el aumento progresivo de sus facultades sensitivas y poderes de curación nos hacen pensar que efectivamente encontró ese camino particular que lleva a las verdades espirituales. En efecto, Bach empezó a confiar cada vez más en su intuición y percepción, y cada vez menos en los métodos ortodoxos de investigación, tal es así que podía notar cuáles eran las propiedades curativas de una flor simplemente por ponerse un pétalo en la palma de la mano o debajo de la lengua. Como diría él mismo: "nunca hasta entonces había tenido un laboratorio tan bien equipado".
Aunque usó la percepción como método para seleccionar sus flores, luego utilizó también los pasos científicos para corroborar sus propiedades y sus efectos positivos y curativos.
La enfermedad es consecuencia de un conflicto entre la personalidad y el alma. Si seguimos nuestros propios instintos, nuestros propios deseos, nuestros pensamientos y nuestras propias aspiraciones, jamás conoceremos otra cosa que la felicidad y la salud.
